La cerveza y el cine son dos buenos aliados del verano. Son muchos los largometrajes en los cuales la cerveza está siempre presente, acompañando a protagonistas, sean estos granujas, héroes, desdichados o cabras locas y, en muchas ocasiones, formando parte de la escenografía necesaria para entender el contexto de la trama.


En Cursos con Miga hemos hecho un repaso mental a algunas películas, que así de pronto, se nos venían a la cabeza y os hemos hecho una pequeña selección para todos los gustos y disfrutar estas vacaciones.

Empezamos por el norte y es que el calor nos hace viajar a lugares más fresquitos aunque sea cinematográficamente hablando. Si pensamos en el cine británico o irlandés, se nos hace harto difícil no encontrar a los protagonistas en algún pub agarrados a una buena pinta celebrando la vida o llorando penas. No entenderíamos de igual manera la sociedad británica y el concepto de pub ergo pinta sin el cine de Ken Loach. En Looking for Eric (2009), además, nos lo junta con otro ingrediente que levanta pasiones, el fútbol y no duda en poner al frente del reparto a Éric Cantona, haciendo realidad las pasiones de todo buen hooligan.


Pero ya que estamos en verano y las neuronas no nos dan para tramas excesivamente sesudas, podemos pasearnos por la siempre fresca campiña inglesa en la comedia romántica El inglés que subió una colina pero bajo una montaña (1995), en la que un Hugh Grant reconvertido a cartógrafo tiene la misión de elaborar el mapa de Gales. Con este objetivo llega a Ffynnon, un pequeño pueblo con sus pintorescas casas campestres y su pub-pensión, lugar de hospedaje para todo viajero. Allí se monta "la de dios" cuando comunica que la montaña del pueblo, que lo parroquianos pensaban que podía competir con el Everest, no tiene la altura suficiente para considerarla tal, y que no pasa de ser una colina. Pero estos galeses tienen la misma voluntad para beber cerveza como para convertir su colina en montaña, y entre lo uno y lo otro se desarrolla la acción.

No es esta una película empalagosa aunque sí un poco azucarada por lo que si sois de pelis más gamberra podemos recuperar Trainspotting aprovechando que su director Danny Boyle anunció segunda parte en los meses próximos. Sabemos que repite reparto en la secuela, lo que no sabemos es si al sociópata Francis Begbie (Robert Carlyle) se le seguirá dando igual de bien el lanzamiento de jarra de cerveza.


En Irlanda la Guinnes, es testigo de las más variopintas situaciones y se la considera una más de la familia. De la amplia cinematografía del país de la pinta más famosa, nos quedamos con The Commitments. El germen de la banda de soul con más potencial y, al mismo tiempo más efímera, de Dublin nace en una boda que transcurre en los primeros minutos de la cinta y en la que las pintas de cervezas sustituyen a los más refinados canapés.

El cine yanki es un valor seguro en verano y si sois fans de género policíaco hay muchos y variados largometrajes para elegir. Si los protagonistas pertenecen al Cuerpo de Policía de Nueva York seguro, que debido a su gen irlandés, se pasan por algún bar para echar una partida de dardos y disfrutar de la cuadrilla en torno a una cerveza o whisky o ambos a la vez. Pero el verano es libre, loco e irracional y lleno de momentos de ensalzamiento de la amistad, por eso, nuestra recomendación made in usa es alguna película tipo American Pie, cuya acción transcurre en alguna prestigiosa fraternidad universitaria donde el título de bebedor de cerveza tiene los mismo créditos que un doctorado en medicina.


Terminamos acordándonos también del cine ibérico, no tendríamos perdón y menos ahora que ya podemos disfrutar de grandes birras artesanas, aunque a estas, aún no les ha llegado su gran momento en la gran pantalla (tiempo al tiempo) Conversaciones en torno a una caña no faltan y, al igual que en la vida misma, son muchas las pandillas que comparten encuentros, desencuentros y aventuras.

La delincuencia juvenil del cine de los 80 se nutría de planos de navajas, drogas y cañas preludio de finales dramáticos tanto dentro como fuera de pantalla. Así ocurría en Colegas (1982) con Antonio Flores entrando en una espiral de drogaína que hacía de la cerveza un brebaje tan inofensivo como una botella de agua mineral.


Una generación más tarde, los ingredientes seguían siendo los mismos pero cambiando las canciones de Los Calis por himnos de lo que se conoció como la Generación X. De esta guisa se iba de fiesta suicida Juan Diego Botto en Historias del Kronen (1995) donde cada noche había que darlo, beberlo y tomarlo todo.

También tenemos momentos profundos e intelectuales, de eso se encarga uno de nuestros directores gafa-pasta preferidos: Julio Medem. En Tierra (1996), Nacho Novo regenta un bar al que todos los modernos nos gustaría ir y en el que sirve unas buenas jarras de cerveza y que, como buen profesional de la barra, no le sobran conversaciones.


Lo mismo les ocurre a los Primos (2011) de Daniel Sánchez Arévalo que pasan del existencialismo al cachondeo verbena de por medio. Y es que no hay nada más patrio y unido al verano que una orquesta amenizando las fiestas patronales. Así acabamos este artículo, bailando y cantando todas las canciones que durante el resto del año nos empeñamos en renegar, eso sí, bien acompañados, con unas buenos tubos, cachis o minis de cerveza y pasándolo a lo grande. Nos pirra la birra.