Abordar la historia culinaria de algunos alimentos como la cerveza o el pan suele implicar un viaje en el tiempo hasta los albores de la historia. Allí buceamos en la cultura gastronómica de egipcios, celtas, romanos o de cualquier otro pueblo desaparecido con cierta familiaridad y conocimiento.

Pero si hablamos de la historia de la cocina al vacío nuestra mente lo relaciona más con un viaje de ciencia ficción al futuro más que una visita histórica a las cocinas del pasado.

Cierto es que la cocina al vacío es una técnica reciente con un marcado rasgo científico. De hecho, tuvo su origen dentro de un laboratorio científico en los primeros años de la Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo XVIII.


El primero que dejó constancia de este proceso fue Sir Benjamin Thompson, también conocido como Conde de Rumford, que aparte de su condición aristocrática fue un reconocido físico e inventor estadounidense que dedicó la gran mayoría de su vida al estudio del calor y la termodinámica.

En algunos experimentos que ideaba para corroborar las teorías sobre el flujo, nuestro conde construyó un medio al vacío dentro del cual llevaba a ebullición agua u otro fluido a estudiar.

Fue pionero en el desarrollo de varios inventos relacionados con la teoría calórica, alguna máquinas de carácter más industrial como calderas de vapor y otras de tipo más doméstico como cocinas o, incluso, una cafetera por goteo que recuerda a la cafetera italiana que todos conocemos.

La máquina para cocinar al vacío no la construyó pero documentó la idea en 1799 en uno de sus muchos escritos de divulgación científica.

Y para termina, una curiosidad con viaje a la luna incluido. El cráter Rumford se encuentra en la cara oculta de nuestro satélite, sí el dark side of the moon, y debe su nombre, efectivamente, al Conde de Rumford, constatando la importancia y vigencia de sus descubrimientos en la comunidad científica.