Aunque ya llevamos más de un mes de otoño, son los primeros días de noviembre los que dan el pistoletazo de salida a la temporada fría del calendario. La operación bikini queda lejos en el tiempo y llegó la hora de engullir buenos montones de calorías para pasar los rigores del invierno. El subidón de azúcar que podemos experimentar en las celebraciones del Día de los Santos y del Día de Difuntos es sólo comparable a los atracones navideños y es el momento en el que hacen acto de presencia muchas elaboraciones que nos acompañan en las tardes de manta y sofá.

Los buñuelos son el santo sactorum del 1 de noviembre por estos lares peninsulares, aunque estas bolas de masa de harina de trigo, manteca y huevos, frita en aceite y rebozada en azúcar, son solo la punta del iceberg de toda una lista en la que encontramos dulces tan distintos como los panallets de la zona de Cataluña y Aragón, las migas de niño de Castilla-La Mancha, las chulas de Galicia o las gachas en la zona de Andalucía.

No hay país de herencia cristiana que no tenga alguna delicia con la cual celebrar estos días festivos y es que para soportar tan estricta moral, algún aliciente tenía que haber. Como ya conocemos, la iglesia hizo una efectiva política en identificar ritos ancestrales con su propio santoral y algunos de los platos que se degustan en estas fechas tienen su origen en culturas consideradas paganas. El continente americano es un claro ejemplo de esa diversidad y en estos días se puede degustar en todo su esplendor.

En Ecuador, Perú, Bolivia y otras regiones andinas, en las celebraciones de santos y difuntos es típico comer las guaguas o wawas de pan, un pan dulce de trigo, moldeado y adornado con forma de niño pequeño o bebé. Wawa significa bebé en Quincua y este bollo se toma habitualmente acompañado de la colada morada, una bebida que tiene como base harina de maíz negro.

En Mexico, la Fiesta de los Muertos es un símbolo nacional y está declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El culto a la muerte en este país nos trae todo una serie de tradiciones, mitologías y personajes dignos de conocer y toda esta riqueza cultural se manifiesta con la misma intensidad en la gastronomía típica de estos días. Indispensable es el Pan de Muerto, un pan dulce que morfológicamente representa un cráneo y unos huesos cruzados, en referencia, según fuentes históricas, a los sacrificios-ofrendas humanos que se realizaban en las sociedades precolombinas.


Otro dulce mexicano que nos encanta, sobre todo por su significado, son las calaveritas dulces, una ofrenda de azúcar en forma de cráneo y que lo típico es comerte aquella que lleve estampado tu nombre con el fin de recordarte que en esta vida solo estas de paso.

Con esta actitud os deseamos que paséis unos buenos días, que recordéis a los que ya se fueron y que celebréis la muerte de la manera más dulce y festiva posible.